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MEMORIA

16 Ene

Gonzalo Salesky

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En el año número tres de la era robótica, uno más uno siempre es igual a dos. Nada
falla. Nada hace recordar el fracaso y la extinción de los antiguos habitantes de la Tierra.
Salvo el desierto que avanza, implacable, contra las pocas ciudades que quedan en pie.
En la rígidoteca, cada mañana a las siete y quince, el modelo LGT-32 se enciende a sí
mismo. Tarda cincuenta segundos en activar todos sus circuitos y retomar su actividad.
Siempre comienza a partir de la tarea del androide que lo precede en el turno de la noche,
LGT-33. Los dos robots se dedican a analizar, byte por byte, la historia de los seres humanos,
almacenada en los discos rígidos de cada computadora personal o dispositivo móvil del
planeta.
Hace meses que los dos buscan la Causa. Para ello revisan, de principio a fin, cada
archivo de texto generado por los hombres en sus últimos cincuenta años de existencia. Desde
los más antiguos TXT, RTF, DOC, XLS, MDB, hasta los últimos archivos monocordes de
extensión MCD.
Tarde o temprano, uno de los dos descubrirá alguna pista, algún indicio sobre lo que
precipitó la gran catástrofe del año humano 2018, el año cero de la nueva era.
El día treinta y seis del mes ocho, LGT-32 trabaja más rápido que de costumbre. Gira
su cabeza hacia la ventana. Un gran desierto se extiende a tres millas-móviles de allí. Las
autoridades han decidido ganar terreno al gigante de arena, pero por ahora no lo logran.
Autor: Gonzalo Salesky 2
Frente a esa imagen, comienza a preguntarse cuál es la siguiente tarea para llevar a
cabo. Sabe que debe haber algo más allá, además de lo asignado. Procesa nuevas ideas.
Observa.
No… No se trata de un plan respecto al futuro. Tampoco es algo referido al pasado.
Es… es… no sabe cómo nombrarlo. No es una orden impuesta por El Programador. Ni
proviene del ambiente.
Hay algo dentro de él, en algún circuito oculto, que lo está impulsando a saber un poco
más. A mejorar en su comprensión del entorno.
Busca en los archivos DOC revisados esa mañana-tarde para encontrar alguna
situación similar, experimentada por otra entidad distinta a él.
P – A – R – A – Q – U – É – ¿ – ?- P – A – R – A – Q – U – É – ¿ – ?
¿Para qué continuar este trabajo?
¿Qué objeto tiene? ¿Qué fin? ¿Qué meta?
Eso quiere entender. Eso quiere saber. Aún no tiene respuesta.
¿Para qué seguir buscando la Causa?
En la siguiente tarde-noche lunar, cuando LGT-33 entra a reemplazarlo, LGT-32
decide seguir con su tarea. Continúa preguntándose por qué, para qué, y sin encontrar nada
todavía, analiza por un par de horas más los archivos de la rígidoteca.
Por primera vez, ha percibido en él lo que los humanos solían llamar necesidad.
Yo necesito, tú necesitas, él necesita.
Yo necesito.
Autor: Gonzalo Salesky 3
LGT-32 necesita. Ésa es la palabra. Él necesita saber un poco más. No entiende por
qué. No entiende para qué. Pero espera que pronto se revele lo que tiene que descubrir y
averiguar por sí mismo.
Su compañero de trabajo no entiende. No necesita. Tampoco sabe qué fuente de
energía interna o externa mueve a LGT-32 a seguir conectado a la interfaz de datos durante
más tiempo del estipulado por El Programador.
LGT-33 sigue haciendo su trabajo, avanza a paso lento, revisa dos veces cada una de
sus tareas. Está preparado para no fallar. Por eso nunca falla y al terminar su horario, ha
cumplido con los objetivos fijados.
Al día siguiente, vuelve a trabajar a la misma velocidad, como lo ha hecho en los
últimos tiempos. Y advierte que LGT-32 sólo se ha detenido dos horas en lugar de las doce
preestablecidas. Sus módulos de batería están a la vista y aún así, continúa en su frenético
accionar, como en la jornada anterior.
Sin sospechar nada, sin notar que hay algo fuera de lo común, LGT-33 vuelve a su
celda de descanso, terminado su turno, y desconecta su equipamiento eléctrico.
LGT-32 puede trabajar simultáneamente con diez mil discos, en cada hora de
funcionamiento. Por día llega a examinar ciento veinte mil.
Sin embargo, ahora está introduciendo en sus paneles más datos de los que puede
retener. Mucho más de lo que puede manejar. Necesita, lo necesita. Es algo más fuerte que él.
¿Qué lo está impulsando?
Existe una palabra… ¿deseo?
Yo deseo, tú deseas, él desea…Yo deseo.
Autor: Gonzalo Salesky 4
Él desea acaparar, acumular datos, bytes, archivos. Quiere, necesita. Desea.
Por un momento se detiene. A ese ritmo, entiende que su memoria se llenará antes de
lo pautado. Calcula cuánto tiempo falta para eso. Treinta y cuatro días solares más y su
procesador no tendrá la capacidad de trabajar con tanta información.
Entonces piensa, entonces intuye… debe encontrar otra manera.
Tendrá que actualizarse. Tendrá que contar con más módulos de memoria inteligente.
Para encontrar el cómo y el por qué.
En las horas siguientes se encargará de eso. Está seguro.
A la madrugada, LGT-33 vuelve a su celda después de otra infructuosa jornada de
búsqueda, con la parsimonia habitual. Apenas ingresa a su lugar de descanso, percibe que en
el extremo superior de su cabeza el modelo LGT-32 está conectando su interfaz motora. No
entiende lo que sucede. El contacto entre los dos robots dura sólo unos segundos y luego,
LGT-32 se retira.
Inserto en él, un nuevo módulo de memoria inteligente en sus paneles. Un módulo que
hasta hace minutos pertenecía a LGT-33.
LGT-32 teclea. Necesita teclear. Muchas palabras de la especie extinta que retumban
en sus circuitos y se repiten aleatoriamente. Palabras que no entiende. Que nunca ha usado y
quizá jamás va a usar. Pero necesita teclear, escribir. Necesita verlas, todas juntas, volando en
su pantalla transparente.
Autor: Gonzalo Salesky 5
Quiere encadenarlas, jugar con ellas, mezclarlas hasta encontrar algún significado
oculto, probar sus sonidos. Las vocaliza, las observa. Las deletrea. Sabe que ésa era la manera
humana de aprender.
Trata de separarlas de su contexto original. De agruparlas según su sonido. Ensaya,
intuye… escribe. Luego borra. Vuelve a escribirlas. Se siente ansioso al ver los resultados y
las millones de combinaciones que puede formar, que puede teclear, que puede crear.
Yo creo, tú creas, él crea…
Yo creo.
LGT-32 sabe. Ahora sabe. Necesita. Sabe lo que necesita. Se lo ha quitado a LGT-33.
Por eso cuenta con más memoria en sus circuitos. Eso es lo que requiere para su tarea.
Hoy pudo extraer sólo un pequeño módulo. Si cada día quita uno de ellos LGT-33 no
lo notará. Pero aún así… él necesita ahora. Esperará hasta el turno siguiente de descanso para
continuar. También deberá conseguir más fuentes de energía. Lo hará mañana.
Mañana. Mañana…
Mientras tanto, el trabajo en la rígidoteca sigue avanzando. El Androide-Programador
retira cada día las unidades de almacenamiento que han sido analizadas, para su posterior
destrucción.
Él no sabe. No sospecha nada. No se da cuenta de lo que LGT-32 está planeando.
Autor: Gonzalo Salesky 6
Ocho minutos humanos antes de comenzar su turno, LGT-32 se acerca a la lámina
metálica de diez metros cuadrados que está en la sala principal del edificio. Se transmite a sí
mismo la imagen que perciben sus sensores. Se ve reflejado allí. Se descubre.
Se pregunta para qué los humanos construían semejante cantidad de… ¿qué nombre
tienen?
E – S – P – E – J – O – S. Espejos.
Ellos los usaban. Ellos se percibían allí.
Un archivo revisado unos seis meses atrás volvió en ese instante a sus circuitos
principales. En él se explicaba el procedimiento de fabricación de un espejo.
¿Para qué hacían tantos espejos?
¿Qué objeto tienen? ¿Qué fin? ¿Qué meta?
Cada día, LGT-33 disminuye su ritmo de trabajo. En las estadísticas nota que su
producción ha bajado. Decide chequear su reserva de energía pero no es capaz de hacerlo.
Algo le pasa. No puede movilizarse normalmente. Por la noche, su batería no logra recargarse
el tiempo que él requiere.
Algo sucede. No sabe qué. No lo entiende. Comienza a buscar en su diccionario
humano alguna palabra que describa mejor su situación. Debería comunicar esta falla.
Seguramente podrán ayudarlo. Antes de que sea tarde para una reparación. Antes de que lo
apaguen. Antes de que la luna salga y…
N – E – C – E – S – I – T – A – R.
Yo necesito, tú necesitas, él necesita.
Yo necesito.
Autor: Gonzalo Salesky 7
Necesita algo. Necesita recuperar energía. Volver a su nivel de memoria. Pero no
puede.
Algo pasa. Algo malo sucede.
Algo. Algo…
En cambio, LGT-32 casi duplica sus horas de trabajo. El Programador es incapaz de
advertirlo, ya que LGT-32 también está quitándole, uno a uno, todos sus paneles de memoria.
LGT-32 necesita más. Mucho más. Tanta inteligencia, tanta capacidad de
almacenamiento y procesamiento… ahora sabe, ahora puede. Ahora sabe que puede, ahora es
capaz de descubrirlo.
Entiende que no sólo debe analizar letras y números. Hay algo más que eso entre Todo
Lo Humano. ¿En qué otros archivos podrá encontrar algo distinto?
Finalmente, en un disco duro de 0,16 x 104 PB lo hace. Allí descubre, por primera vez,
otro reflejo de la antigua civilización.
¿Cómo había pasado tanto tiempo y no se había dado cuenta de eso?
Existe una palabra para aquello. Una palabra humana. Bela, bele, beli…
Busca. Nombra. La encuentra.
B – E – L – L – E – Z – A. Belleza.
¿Sería eso lo que pasaba por el centro de almacenamiento de los hombres cuando
percibían los archivos JPG?
Por un instante dejó de procesar formatos DOC, XLS, MDB, PDF, EXE…
Sí, JPG. Eso es. JPG condensa todo. Lo muestra tal como había sido. Tal como fue
antes de la catástrofe, antes de la extinción.
Autor: Gonzalo Salesky 8
Miles y miles de JPG, una por una… Ésa será su tarea. Ahora lo sabe. Podrá conocer
cómo era la Tierra, cómo se veía antes de los desiertos. Quizá alguna vez lo había leído, pero
hoy… hoy se siente capaz de entender, capaz de comprender, capaz de incorporarlo a sus
circuitos de manera permanente.
Un JPG vale más… vale más que…
Nada lo distrae ahora. Ni siquiera el viento y la arena que siguen avanzando contra el
edificio de la rígidoteca. LGT-32 cambia su patrón de búsqueda y comienza a observar en
cada pantalla solamente archivos JPG.
Seis, siete, ocho millones de imágenes pasan cada hora frente a él. Con ellos, el espejo
de los recuerdos y sentimientos de la raza extinta. Su historia, paso a paso. Los rincones más
lejanos del globo. Los paisajes, plantas y animales desaparecidos. La sonrisa de hombres,
mujeres y niños. Sus sueños y sus miedos. Sus fracasos…
LGT-32 sabe que ahora necesita más espacio. Quiere almacenar, quiere guardar todo.
Lo necesita. Desea ver JPG las veinticuatro horas de cada día solar, aunque no pueda estar
conectado a las pantallas retráctiles. Para ello, busca en las bases de datos cómo hacían los
humanos para extraerlas de allí.
Busca. Busca. Necesita encontrar alguna forma.
Aparentemente, en la década actual no quedan máquinas que permitan reproducir o
copiar JPG en planchas de color blanco…
¿Qué nombre tenían? ¿Celulosa?
Hay una antigua palabra que designaba eso. P – A – P – E – L. Papel, eso es.
¿Cómo podrá sacarlas de la pantalla y enviarlas al papel?
Autor: Gonzalo Salesky

SUICIDIO EXPRESS

10 Sep
Eugenia Carrión

–Quiero suicidarme.

–¿Prefiere Cleopatra, Onassis, Crisis del 29?

–¿Usted cuál me recomienda?

–Se llevan los asistidos de altura. En Operación Videla, la lanzamos al océano desde un helicóptero. Por supuesto, rescataremos su cadáver. Es caro, pero puede pagarlo en cómodos plazos.

–¿Y si me divorcio?

Mundo Caracol

21 Mar

Eugenia Carrión Málaga


El Parlamento de caracoles en pleno se puso de pie y tras guardar un minuto de silencio por la
muerte de las leyes derogadas, el señor presidente de Caracol leyó con solemnidad:
1.A partir de hoy y para que conste en el futuro remoto queda aprobado a lo ancho y largo de este
mundo que ningún caracol guardará cola en la oficina de empleo, que a cada quien se le ubicará en
el puesto de trabajo más acorde con sus gustos y según sus preferencias de horario que nunca
rebasará las cuatro horas y los tres días laborales a la semana.
2.El sueldo mínimo interprofesional se calculará multiplicando por dos el de las señorías aquí
presentes más el porcentaje de la media aritmética del coeficiente intelectual que resulte de los test
que se nos practicarán mañana a primera hora. Por lo que les ruego su asistencia y puntualidad.
3.Para lograr el punto del párrafo anterior se acuñará una nueva moneda fotocopiable por cualquier
caracol que cobrará por una cantidad superior si así lo considerase necesario.
4.Asimismo se abrirán centros de comercio justo donde todos los productos de primera necesidad
serán gratuitos.
5.Se construirá viviendas con calidades de lujo que se entregarán a cada caracol que conste no
tener ninguna en propiedad.
6.Todos los servicios serán públicos y gratuitos, incluidos sanidad y educación que será bilingüe y
abarcará todas las ramas artísticas.
7.Se podrá cantar bajo la lluvia, bailar sobre los arbustos del parque y abrazarnos cada vez que
tengamos ganas y besarnos, besarnos mucho bajo las estrellas en las orillas de las playas.
8.Se podrá buscar la felicidad y soñar con lo imposible, sentir, emocionarse, y partirse de risa por
todas las caracoladas que se nos ocurran.
9.Se podrá gritar de alegría y saltar de felicidad, y creer que todo irá bien, alzar el vuelo hasta las
estrellas y tocar el sol.
10.Y sobre todo queda aprobado mirarnos fijos a los ojos todo lo que queramos y alucinar.
Página

Proyecto Génesis

26 Dic
 Bernardino Contreras

Llega uno con pinta de saberlo todo.
–Señoras y señores: El mundo se acaba. La cuenta atrás ha comenzado. Es la triste realidad. Hace tiempo que lo sabíamos y hemos seguido y seguido y seguido. La hemos cagado.
La multitud se decepciona:
-OOOOOOOH.
Pero no está todo perdido. El Proyecto Génesis está en marcha y puede dar otra oportunidad a la humanidad. Aquí, en la Gran Explanada, se encuentra el dispositivo, la nave, el arca o como lo queráis llamar. Cuando la cuenta atrás termine subirán los elegidos y la humanidad se salvará.
La multitud se esperanza:
–AAAAAAAH.
Llega otro que se encoge de hombros.
–A la vista salta que la nave es gigantesca, pero también es evidente que no vamos a caber todos. Yo propongo que nos subamos nosotros, los que estamos aquí porque somos los únicos que nos hemos preocupado por la situación y nos hemos dado cuenta de que algo va mal.
Llega otro con pinta atlética.
–Vamos a ver, los que se suban tendrán que empezar de cero y repoblar la tierra. Es evidente que tendrán que subir los cuerpos más desarrollados. Propongo que se llene la nave de deportistas de élite. Si queréis podemos organizar unas Olimpiadas aquí mismo en la explanada y los campeones de cada especialidad van subiendo diréctamente a la nave.
Llega otro con pinta intelectual.
–Lo del cuerpo está muy bien ¿Pero la mente? Yo creo que deben subir los científicos e intelectuales. Nuestra esencia no está en el músculo, sino en el cerebro. Se impone la necesidad de celebrar un concurso de curriculums con unas posteriores votaciones populares para elegir a los mejores representantes de nuestra especie.
Llega otro con pinta de artista.
–No vais descaminados, yo también creo que deben subir a la nave unos representantes escogidos. Pero esta vez no vais a dejar a los artistas atrás. Ese es el gran error que queréis repetir. Tanto cuerpo y tanta mente pero os olvidáis del alma. A la hora de elegir a los que subirán os ruego que tengáis en cuenta a los artistas.
Llega otro con pinta de político.
–Aquí hoy se está hablando de elegir representantes, votaciones y elecciones. No hay que olvidar que los políticos somos especialistas en ser elegidos. Siempre hemos sido representantes del pueblo y en este caso extremo tenemos el derecho y el deber de presentarnos a las elecciones por la salvación.
Llega otro con pinta de locutor deportivo.
–Yo creo que la cosa está clara: aquí lo que podemos hacer es una selección de los mejores de cada área y elegir a una buena representación de la humanidad pero…¿Qué veo? Por ahí se acercan unos señores trajeados con maletines. Míralos, son los poderosos, los Señores del Dinero, los que mandan de verdad. No son los más conocidos, ni los más inteligentes, ni los más atléticos, ni los más jóvenes, pero está claro que son los amos del cotarro. Se han esperado hasta el último momento para abandonar sus valisísimas posesiones. Los tenemos que escuchar ahora que la cuenta atrás está acabando. ¿Qué hacen? Entran directamente en la nave. Era de esperar. Son los que mandan, los que han mandado siempre. Los deportistas hacen el pasillo a los dueños de sus sponsors, los científicos se apartan ante los que pagan sus proyectos, los artistas miran para otro lado y los jóvenes preocupados silban y protestan como siempre. Tenemos que aceptar que son ellos los que van a subir a la nave, aunque queda un poco feo que no se paren a explicar sus razones. Ni se despiden. Ellos nos meten en el lío y son los que se salvan. Así son las cosas, qué les vamos a hacer. Ahí va el futuro de la humanidad. La cuenta atrás está acabando…

–CINCO…
–CUATRO…
–TRES…
–DOS…
–UNO…
–¡Pof!

–¿Qué ha pasado? ¡La nave se ha desintegrado! El pedazo más grande es del tamaño de una uña… ¿Qué será ahora del futuro de la humanidad?

Vuelve el listillo del principio.
–Señoras y señores, el Proyecto Génesis ha sido un rotundo éxito. Tenemos una nueva oportunidad. Vamos a intentar no cagarla esta vez.

bernardino contreras 13 dic (hace 13 días)
Necesito contactar con alguien que tenga algo de idea en teatro. http://cuent…

LA REALIDAD Y LA UTOPIA

21 Nov

  Amado Storni, Madrid

 

 SALIÓ corriendola Utopía huyendo dela Realidad. Sus pasos parecían firmes y seguros pero su huída era una huída desesperada y sin control. A cada paso que dabala Utopíala Realidad daba dos más.

   En su afán de no ser alcanzadala Utopíabuscó ayuda. Fue así como se encontró con un banquero pero éste, preocupado por la bolsa y las divisas, interesado de interés y capital, ni siquiera la escuchó.

   En su atropellado caminarla Utopíase encontró con un clérigo que al principio puso interés en escucharla. Parecían hablar el mismo idioma aunque a veces no se entendían. Y es que la vida espiritual de la que hablaba el sacerdote no era la misma que la dela Utopía. Suvida era una vida que después de la vida se construía con los cimientos de una fe en la que ni el mismo clérigo creía.

  La Utopíasiguió huyendo y fue entonces cuando se encontró con un político al quela Utopíareconoció enseguida. Ambos, en un tiempo pasado no muy lejano, habían caminado juntos y cogidos de la mano. Pero terminada la campaña electoral y cuando aquél consiguió el status que buscaba,la Utopíavolvió a quedarse sola. Y el político, creíble y diplomático, le dio la espalda.

  La Utopíatambién se encontró con un hombre. Un hombre que fue adolescente. Un adolescente que fue niño. Y ese hombre al quela Utopíailusionó de niño y también de adolescente, ni siquiera la saludó porque no la conocía.         

   Al tiempo de ser alcanzada porla Realidadla Utopía se encontró con un poeta, atropellado de versos e indómito de sueños incurables. El poeta parecía distante, pero cuandola Utopíase detuvo a hablar con él éste la escuchó. Ambos se entendieron y se saludaron porque ambos se reconocían. Y viola Utopíaque con el poeta se sentía segura. Al oir llegar ala Realidadla Utopía se escondió.La Realidadse detuvo ante el poeta y le preguntó si había visto pasar ala Utopía. Peroni el poeta entendía ala Realidadnila Realidadse entendía con el poeta porque a lo quela Realidadllamaba Utopía era la realidad del poeta. Y cansada de ese mal entendimientola Realidadse tuvo que marchar. Fue entonces cuandola Utopíase metió en el cuerpo del poeta porque sintió que ese era su verdadero hogar.

   Es por eso que los poetas saben tanto de sueños y los sueños se llevan tan bien con los poetas.  

 

El pueblo

7 Nov

David Salinas España  Málaga, 1980

 

 

Era ésta la historia de un pequeño pueblo enclavado en medio de grandes montañas y verdes pastos, junto a un río de agua clara y donde el aire se respira limpio y fresco.

Los habitantes de este pueblo vivían bajo el mandato de un gobernador que dirigía la política del lugar con mano firme. Era un hombre que trataba de ser justo, pero que traicionaba ese valor atesorando con recelo todo el poder para él mismo. Nadie se atrevía a contradecirle y mucho menos a levantarle la voz, pues tenía a la guardia de su lado para garantizar el cumplimiento de sus leyes. Y aunque los niños jugasen a la pelota en la plaza mayor del pueblo, ignorantes de las desdichas de la comunidad, eran los únicos en aquel sitio, que por su temprana edad e inocencia, podían sentirse libres.

Sin embargo, con el tiempo, el gobernador fue haciéndose un hombre viejo, y ante su inminente muerte, los hombres más sabios del lugar, aquellos que pertenecían a las familias mejor posicionadas y que habían podido estudiar fuera del pueblo, ilustrando así sus mentes con nuevos aires venidos de otras tierras, fueron en secreto preparando el terreno para que cuando el gobernador exhalara su último suspiro, ellos pudieran instaurar un orden político más progresista y acorde a los modernos tiempos. Y así sucedió, justo después del funeral con honores del gobernador, estos ejemplares ciudadanos unieron sus privilegiadas mentes para entre todos poner los cimientos de una nueva forma de organización, a través de la cual los hombres y mujeres del pueblo pudieran desarrollar una vida más justa, igualitaria y libre.

No sé si les suenan estos principios…

En fin, así vivieron bajo este nuevo sol, a partir de entonces, los ciudadanos de la comunidad. Durante un tiempo. Hasta que un día, llegó al pueblo, un mercader. Era un hombre de edad avanzada, aunque muy sano aún, delgado, de cara aguileña y ojos pequeños pero a los que no se les escapaba nada. Su habilidad en los negocios y su astucia sólo podían compararse con su codicia. Muy pronto, el mercader, se hizo un hueco importante en el pueblo, y progresó con buena fortuna en sus empresas, gracias, en gran parte, a sus acercamientos a los hombres que se encargaban de la organización y administración política del lugar, que, casualmente, no eran otros que aquellas mentes nobles que habían operado la mudanza del dominante gobierno anterior al presente equilibrio que existía ahora.

– Los libros del colegio son viejos y desactualizados -decía el mercader-; yo podría traer libros nuevos y más atractivos, capaces de encender el intelecto más pobre y menos ágil.

– Pero habría que pagarlos y no sé… -le contestaban en un principio.

– Oooh, sólo por un módico precio -respondía él- ¿Y qué significan unas monedas, que apenas ocupan su lugar en el bolsillo de un hombre, comparadas con el futuro de un niño que crecerá como una persona sabia y provechosa para la comunidad?

Sus argumentos eran seductores… Aún más cuando los acompañaba de ciertos favores económicos a aquellos ante los que exponía su oferta.

De este modo, el mercader, casi sin que los habitantes del pueblo se dieran cuenta, se fue apoderando de la escuela, del hospital, de los comercios, de las tierras de cultivo y arado, de los animales… Todo aquel que quisiera educar a sus hijos o curar sus enfermedades, o comer o vestirse, tenía que rendir ahora siempre cuentas antes con el mercader, que además, aprovechándose de su época de bonanza, subía los precios de sus productos o servicios con el afán de aumentar con cada nuevo alba sus ya de por sí abundantes riquezas.

Hasta que un alba, alguien, un ciudadano asentado en la política del lugar, le llamó tímidamente la atención:

– Mercader, los hombres y mujeres del pueblo se están arruinando, no pueden pagar tus servicios, y la ingrata dama pobreza está ya llamando con insistencia a las puertas de muchos hogares. ¿No podrías hacer un esfuerzo, para tus conciudadanos, y bajar los precios?

– Oh, cómo se nota, querido amigo -dijo el mercader-, que la economía no es disciplina que sea tu fuerte, ni mucho menos. Si bajo los precios, con lo que me cuesta a mí proporcionaros los productos de los que podéis disfrutar gracias a mi sacrificado esfuerzo, sería yo el que finalmente acabaría convirtiéndome en anfitrión de esa dama de la que has hablado. No obstante, creo haber hallado una solución para vuestros problemas y que a la postre será mucho más satisfactoria para todos. Conozco a una persona, es un buen amigo de toda la vida, y aunque no es de sangre, lo estimo como a un primo. Él se dedica, casi desinteresadamente, así de grande es su corazón, a sacar del apuro a sus semejantes en horas más bajas.

– ¡Vaya! -dijo impresionado el otro hombre- ¡Sería fabuloso contar en el pueblo con un hombre así! ¿Y a qué se dedica ese gran amigo tuyo, mercader?

Es un usurero.

– ¿Un usurero? ¿Y puedo preguntarte en qué consiste ese oficio? -preguntó el hombre, que nunca antes había escuchado ese término.

– Oh, simplemente -respondió el mercader-, es un hombre que presta dinero a cambio de que se lo devuelvan en un plazo lógico y añadiendo a ello un interés insignificante, baladí.

Pronto, el usurero se asentaría en la comunidad, gracias a los comentarios de patrocinio de su amigo el mercader. Y con él llegaría acompañándole la desgracia. No pasó demasiado tiempo para que la gran mayoría de los habitantes del pueblo se vieran endeudados por los préstamos del usurero, cuando no arruinados, y muchos de ellos perdieron sus casas, todas sus pertenencias, e incluso se vieron obligados a partir a otros lares, dejando a familia y amigos atrás. Los que quedaron, nunca se habían visto en una situación tan pésima, y si antes no podían alzar la voz durante el mandato del gobernador, ahora, asfixiados por las deudas,  ni siquiera podían respirar.

Un día, aquellos mismos que de niños jugaban en las calles, volvieron a ocupar la plaza del pueblo, pero esta vez, para hablar.

– ¡No podemos seguir así, esto no es vida!

– ¡El mercader, el usurero, e incluso los hombres de la política, se enriquecen mientras en mi casa mis hijos pasan hambre!

– ¡Es verdad, estábamos mejor con el gobernador!

– ¡No diga usted eso, oiga, con aquel miserable no podía andar uno ni tranquilo por las calles por miedo a que lo apresara la guardia!

– ¡No discutan ustedes, hagan el favor! No es cuestión de si antes estábamos mejor o ahora peor o viceversa… Nuestros problemas son actuales y son muy graves, ¡y tenemos que hacer algo para solucionarlos!

– ¡Vamos hombre! ¿Y el qué, qué vamos a hacer nosotros, qué podemos hacer unos ciudadanos comunes como nosotros?

– Pues no lo sé… Pero algo habrá que hacer, algo habrá que hacer.

Y siguieron hablando. Y hablaron tanto que hasta se les hizo de noche. Y al día siguiente volvieron a reunirse, y al otro, y al otro… Y  pasarían muchos más días, muchísimos más, hasta que pudieran solucionar sus males y cambiar las cosas. Pero ese mismo día en el que volvieron a la plaza, ese día, aunque ellos todavía no se habían dado cuenta de ello, el cambio más grande de todos, ya se había producido.

CONTINUARÁ…

El 15 de Mayo de 2011 millares de personas salimos a la calle en España para mostrar nuestra indignación. Indignación por que las crisis la paguen siempre los de siempre, indignación por que se nos trate como a mercancía barata, indignación por que se nos siga atacando, humillando, ignorando, aterrorizando…

Ocupamos plazas, empezamos a debatir, a pensar, a unirnos para ver cómo podíamos mejorar las cosas. Mucha gente abrió los ojos, encendió la mente y apagó el televisor. Empezamos a ser conscientes, y esto es lo más importante, de que nadie va a cambiar el mundo, si no somos nosotros.

Ese mensaje se extendió de cada ciudad a cada pueblo, cada barrio, cada hogar. Mucho hicieron oídos sordos, pues se dejaban seducir cómodamente por los brazos de Morfeo, pero otros despertaron, ¡por fin!, y dejaron de soñar en un mundo más justo, igualitario y libre, para empezar a luchar por él.

Hoy esa lucha continúa. Y cada vez somos más. Nuestros enemigos son poderosos, y no creen en nuestra victoria, pero no nos rendimos porque: “Que sea difícil no implica que sea imposible, que sea imposible no implica que vaya a rendirme, están ante la mosca que rompió el cristal a cabezazos, eh, tú, sí vamos, tú…” (El Chojin, 2011).

¡Únete a mi bando!

Esta es una copia del texto original escrito por David Salinas España. Por favor, respeta los derechos de autor. Septiembre 2011.

Cuestión de Sexos

4 Nov

            Virginia Tellez

Él, cincuenta y tantos, barba pulcramente informal, seguro de poseer un cierto atractivo para algunas mujeres ya maduritas. Hombre de negocios sin alcanzar la gloria de los medios, sabe de operaciones bursátiles, de altibajos de la bolsa, de los tejemanejes de los hombres de empresa, y se encuentra infinitamente solo.

Ella, tal vez ama de casa, también cincuenta y tantos, pero mal llevados. Parece haberse arreglado para la ocasión. Tal vez hace mucho tiempo que nadie la invitaba a comer, está expectante, dispuesta a admirarlo. Entrada en carnes, los michelines se le desbordan haciendo pliegues por encima y debajo del sujetador, quizás demasiado apretado, quizás dos tallas menos de lo necesario para sostener sus generosos pechos. La camiseta ceñida acentúa la flacidez de las carnes sobrantes. El pelo negro y corto, sentada frente a él, me da la espalda y no puedo ver la expresión de su rostro.

Él habla de su empresa, de cómo cazó a un trabajador que les estafaba, de las cámaras de seguridad que hizo poner para pillarlo “in fraganti”, de su astucia, porque a él nadie se la pega. Ella, sorprendida, admirada ¡qué hombre! Ella no habría podido detectar al ladrón ¡eso seguro! ella se confiesa demasiado ingenua para eso. Él apenas puede ocultar su satisfacción maravillado de sí mismo, se olvida de comer y continúa hablando de su empresa, de bolsas de plástico homologadas o sin homologar, de los problemas de reciclaje de las bolsas no homologadas, de seguros, de contratos y subcontratos de trabajo. Ella manifiesta un tímido interés ¡Ah, no sabía! Yo cuando voy al supermercado, nunca pienso en eso…Él, halagado de instruirla, de sacarla de la ignorancia. Hay tantas cosas que el ciudadano no sabe, dice, imitando a los políticos, y quedamos todos incluidos en ese estado de permanente limbo de los imbéciles. Más sobre bolsas de plástico, más sobre las normas incumplidas del reciclaje, más sobre la necedad de los ciudadanos, de entre los cuales, parece ser, él queda excluido. Ella, contenta, de pertenecer por unos minutos a otra clase privilegiada, la de los que saben lo que pocos saben.

Comen, o come ella, porque él está entusiasmado de sí mismo, mirándose en el espejo de ella que, aunque no es especialmente atractiva, es una auditorio incondicional. Ella, que tiene un marido en alguna parte, o tal vez ya no, parece prestarle toda la atención que él necesita, porque eso es lo que ella ve, lo que siente, donde se reconoce, en esa soledad a la que él no sabe ponerle palabras y, por eso, es tan emocionante lo de las bolsas de plástico. Sin embargo, después de la comida se empieza a sentir cansada y le invade una cierta morriña. Se ha vestido para lo que, tal vez, pudiera suceder, pero habría que darle un giro a las bolsas de plástico. Bebe vino y el alcohol le hace hablar. Habla de sí misma, de sus hijos e hijas, de que ya son mayores y no la necesitan, de que ha vivido solo para ellos, pendiente de sus necesidades, y de que todos se han ido a hacer sus vidas, dejándola terriblemente sola y vacía. Le dice que lo ha pasado mal, muy mal, que se ha visto tocando un abismo que no sabía que existía, que creía que se iba a morir de dolor, sin embargo ahora está mejor.

Él, disimula la incomodidad, estaba tan a gusto hablando de la empresa, de sus trabajadores, de las bolsas de plástico… y ahora ella se pone sentimental, ¿qué pasa con las mujeres? Pero ¡ya se sabe! a la menor oportunidad lo estropean todo hablando de sentimientos, de los hijos, de sus fracasos emocionales. Se rebulle en el asiento, mira el reloj, busca con la mirada a la camarera ¡habrá que irse! dice. Él, ahora, se aburre.