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Razones y emociones para rebelarnos

7 Ago

Virginia Tellez, Arroyo Coche, Málaga

 

Porque estos golpes de pecho impuestos por decreto,  nos condena.

Porque no somos culpables, por haber sido inocentes.

Porque  hemos creído que había decencia,

donde solo había codicia y ansias de poder,

Porque nos  habéis convertido en el chivo expiatorio

de vuestras vergüenzas.

Porque nos habéis robado al compañero,

que ahora debemos considerar enemigo,

en el sacrosanto nombre de la competitividad.

Porque queréis convencernos de nuestro destino productivo,

que es el destino del esclavo,

el destino infame de los siervos de la gleba.

Porque vuestra mediocridad ofende y agrede

con violencia inusitada a la divinidad humana.

Porque vuestros discursos huecos, burbujeantes

de monedas en curso  y en discurso,

no palian las heridas del cuerpo ni del alma,

y se regocijan en ellas.

Porque nos inyectáis el veneno dosificado de vuestras  infamias,

ignorando el rostro de vuestras víctimas.

Porque vuestro cinismo ilimitado limita al norte,

que ha desterrado poesía y arte

del camino de la senda humana.

Porque os vendisteis al peor postor,

en  una bacanal de genocidios y antropofagias.

Porque no sois hombres, ni mujeres,

sino seres deformes al servicio de vuestra propia enfermedad.

Por todo ello, vuestra desaparición sería un alivio,

una esperanza de futuro,

un verdadero renacimiento para ellos,

los que vendrán detrás de nosotros,

los que nos pedirán cuentas

de la depredación y el exterminio,

si no os paramos los pies.

V. Téllez Rico (29/06/2012)

Al hombre deshabitado

15 Ene

Virginia Tellez, Arroyo coche, Málaga

Habito en otro tiempo,

un tiempo donde las cifras juegan en un trapecio

sin redes, y caen al vacío.

Navego en este tiempo sin tiempo,

por un mundo de sombras,

anhelando una flor, un suspiro, un hálito de vida

que alumbre el camino.

Afuera las voces que gritan,

las voces confusas,

que  asfixian y amordazan

en su vorágine de palabras y productos.

Afuera los mercados,  mercaderes y sicarios

dentro del monstruo que vomita

acciones de banca  y políticos.

Y surco  mares de  esperanza,

sosteniéndome en otras manos

que se buscan a tientas,

que se rozan, que se anudan,

que vuelan como palomas,

–          visibles e invisibles –

se avecinan, se acercan entre las tinieblas,

y  ciegan el rostro de la mueca de oro,

trinchera de poder del hombre,

deshabitado de sí mismo.

9/10/2011

Líneas discontinuas

21 Nov

Virginia Tellez, Arroyo coche, Málaga

Hay hombres de líneas continuas,

Seres humanos trazados al nacer,

Diseñados en un continuo.

Y son felices…

Porque son como tienen que ser.

En ellos, no hay misterios, ni sobresaltos,

El mundo apenas les roza.

Las leyes ajenas les ordena y organiza,

y creen en ellas sin preguntas.

El mundo está bien hecho

–          Lo contrario sería dudar de su creador-

Y es un mundo de líneas continuas,

por donde caminan sin sorpresas,

seguros y mirando  la frente

de sus directores de orquesta.

Están orgullosos de su suerte,

y preconizan su orden como el único posible.

Por eso, se compadecen y desprecian

las líneas discontinuas,

que irrumpen en desorden  con su vacío insoslayable.

Que mantienen a duras penas el equilibrio,

sosteniéndose entre dos puntos.

Que cuestionan la ley escrita desde siempre.

“Son seres débiles y deformes,

nacieron enfermos” – se dicen

Y aplican a presión y represión

sus obligadas y perfectas leyes continuas.

Y a medida que su avance avanza,

Las líneas discontinuas se buscan,

anudan sus vacíos y los convierten

en fantasías de montañas, ríos y valles.

Saltando de piedra en piedra,

en trazo desigual, dibujan

su mundo discontinuo,

siempre inacabado por el vértigo.

 

Cuestión de Sexos

4 Nov

            Virginia Tellez

Él, cincuenta y tantos, barba pulcramente informal, seguro de poseer un cierto atractivo para algunas mujeres ya maduritas. Hombre de negocios sin alcanzar la gloria de los medios, sabe de operaciones bursátiles, de altibajos de la bolsa, de los tejemanejes de los hombres de empresa, y se encuentra infinitamente solo.

Ella, tal vez ama de casa, también cincuenta y tantos, pero mal llevados. Parece haberse arreglado para la ocasión. Tal vez hace mucho tiempo que nadie la invitaba a comer, está expectante, dispuesta a admirarlo. Entrada en carnes, los michelines se le desbordan haciendo pliegues por encima y debajo del sujetador, quizás demasiado apretado, quizás dos tallas menos de lo necesario para sostener sus generosos pechos. La camiseta ceñida acentúa la flacidez de las carnes sobrantes. El pelo negro y corto, sentada frente a él, me da la espalda y no puedo ver la expresión de su rostro.

Él habla de su empresa, de cómo cazó a un trabajador que les estafaba, de las cámaras de seguridad que hizo poner para pillarlo “in fraganti”, de su astucia, porque a él nadie se la pega. Ella, sorprendida, admirada ¡qué hombre! Ella no habría podido detectar al ladrón ¡eso seguro! ella se confiesa demasiado ingenua para eso. Él apenas puede ocultar su satisfacción maravillado de sí mismo, se olvida de comer y continúa hablando de su empresa, de bolsas de plástico homologadas o sin homologar, de los problemas de reciclaje de las bolsas no homologadas, de seguros, de contratos y subcontratos de trabajo. Ella manifiesta un tímido interés ¡Ah, no sabía! Yo cuando voy al supermercado, nunca pienso en eso…Él, halagado de instruirla, de sacarla de la ignorancia. Hay tantas cosas que el ciudadano no sabe, dice, imitando a los políticos, y quedamos todos incluidos en ese estado de permanente limbo de los imbéciles. Más sobre bolsas de plástico, más sobre las normas incumplidas del reciclaje, más sobre la necedad de los ciudadanos, de entre los cuales, parece ser, él queda excluido. Ella, contenta, de pertenecer por unos minutos a otra clase privilegiada, la de los que saben lo que pocos saben.

Comen, o come ella, porque él está entusiasmado de sí mismo, mirándose en el espejo de ella que, aunque no es especialmente atractiva, es una auditorio incondicional. Ella, que tiene un marido en alguna parte, o tal vez ya no, parece prestarle toda la atención que él necesita, porque eso es lo que ella ve, lo que siente, donde se reconoce, en esa soledad a la que él no sabe ponerle palabras y, por eso, es tan emocionante lo de las bolsas de plástico. Sin embargo, después de la comida se empieza a sentir cansada y le invade una cierta morriña. Se ha vestido para lo que, tal vez, pudiera suceder, pero habría que darle un giro a las bolsas de plástico. Bebe vino y el alcohol le hace hablar. Habla de sí misma, de sus hijos e hijas, de que ya son mayores y no la necesitan, de que ha vivido solo para ellos, pendiente de sus necesidades, y de que todos se han ido a hacer sus vidas, dejándola terriblemente sola y vacía. Le dice que lo ha pasado mal, muy mal, que se ha visto tocando un abismo que no sabía que existía, que creía que se iba a morir de dolor, sin embargo ahora está mejor.

Él, disimula la incomodidad, estaba tan a gusto hablando de la empresa, de sus trabajadores, de las bolsas de plástico… y ahora ella se pone sentimental, ¿qué pasa con las mujeres? Pero ¡ya se sabe! a la menor oportunidad lo estropean todo hablando de sentimientos, de los hijos, de sus fracasos emocionales. Se rebulle en el asiento, mira el reloj, busca con la mirada a la camarera ¡habrá que irse! dice. Él, ahora, se aburre.

El grito

4 Nov

Virginia Tellez

 

 

El dolor quedó secuestrado,

echando raíces hacia dentro,

hundiéndose en mares de sombras,

que resucitaban en los sueños.

El dolor se quedó sin palabras,

multiplicándose en los espejos,

agitándose de sal y agua

–          Punzadas calientes del invierno –

 

El dolor era ventana al mundo,

y al mundo le dolía verlo,

miraban para otro lado,

y no encontraban  consuelo.

 

Y es que, el dolor era hombre

agonizante y descontento,

esquivando siempre a la muerte

que le anidaba en el pecho.

 

31/11/2011

AL OTRO LADO DEL MUNDO

29 Ago

Virginia Tellez


Pregunta ese niño de cuerpo hambriento,

supurando dolor e inocencia,

habitado de moscas,

sobre el pecho maternal

que agoniza de amor y pena.

¿Quién nos salva?

  • al otro lado del mundo-

Las bombas estallan.

Los señores de la tierra

hacen cálculos, cifran

muertos y verdades a medias.

La carne reposa destrozada,

escombros de raíces y venas,

olor a sangre de petróleo

repartida entre las bestias.

  • al otro lado del mundo-

Un muro los divide.

El muro de la vergüenza

recorre su territorio

de crímenes en cadena.

Navegantes de esperanza,

agitadores de conciencia,

abrazan el mar solidario

contra los delincuentes de la guerra.

  • al otro lado del mundo –

Las acciones se desploman

CANSADOS

22 Jul

  Virginia TELLEZ

                                                      CANSADOS

Cansados de tanta muerte,
cansados de tanta indiferencia,
cansados de tantas puertas cerradas,
cansados de la mordaza,
cansados de la sordera del poder,
cansados de la codicia,
cansados de sembrar monedas
a la orilla del llanto.
Cansados de ser productivos
y no ser…nada.
Cansados de los parásitos que dialogan con Dios
y se olvidan de la vida.
Cansados de que Dios siga siendo
aliado de los banqueros,
amigo y confidente de los señores de la guerra,
hermano de los torturadores,
y enemigo del amor.
Cansados de las máquinas
atadas a nuestro cuerpo,
ahuecadoras del alma.
Cansados del ruido
que silencia el descontento.
Cansados de los voceadores de mercancías
que venden amor y felicidad
con olor a perfumes caros,
con sabor a mariscos,
con coches de última gama…
Mercaderes de felicidades efímeras,
mercaderes que nos son expulsados de ningún templo,
que  devoran los corazones
de los hombres descorazonados.
Cansados del tintineo “sube -baja” de la bolsa,
del tintineo de las campanas de las Iglesias,
del tintineo persistente de estos nuevos señores feudales,
del tintineo insaciable que arranca la vida de la tierra.
Cansados de que la esperanza emigre,
cansados de que se disuelva, se evapore
bucando una belleza errante
que la libere de la estupidez del hombre.