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Gladiador

26 Dic

Pedro Luis López, Vegadeo, Asturias 1963

http://poesiayvivencias.blogspot.com/


Gladiador de alma aldeana
contra el material afán
de hoy habrá pan,
hambre para mañana.
Si, hay poco pan
para tanto comensal.
Unos, grasa salarial,
otros, dieta de alacrán.
Protector del ritual cultivo
contra la especulación agobiante,
la arrogancia ignorante
del resabiado que no nativo.
Centinela del paisaje urbano.
Aquel en el que fuiste,
cuando en tu yelmo te viste
más mancebo…más lozano.
Defensor de los lares de la memoria,
contra el crepúsculo de la codicia,
contra la opulencia de barrigas llenas;
mencionaras el orgullo y la gloria
de las gentes sin malicia,
de ignorancia vacía y sabiduría plenas

SERVILES DUEÑOS

7 Nov

Pedro Luis López, Vegadeo, Asturias 1963

 

Convivencia sin respeto.

Vecinos en un parapeto.

Miedo que no vencen,

oliendo sus suelas

huyen, se estremecen.

 

 

 

Seres del planeta.

Visión del mismo cometa;

menospreciamos vuestra compañía,

contra vosotros arremetemos

dejando nuestra esencia vacía.

 

 

 

Hombre que ejerce la opresión

sobre sus compañeros de creación,

tienen sus cuerdas agrietadas

sin fuerzas para gritar,

en la posada del silencio alojadas.

 

 

 

Humana auto-destrucción,

a sabiendas sin parangón.

¡Pobre generación venidera!

¡Ilusos, dueños del planeta!

Seguir pinchando la esfera.

 

 

 

 

 

 

CAN DE LA SEIMEIRA. Leyenda y poema.

19 Oct

Pedro Luis López, Vegadeo, Asturias 1963

Como prólogo a mi poesía sobre la cascada de la Seimeira y para que conozcais el contexto de la historia; comento brevemente la Leyenda de este entorno mágico en el Occidente de Asturias poblado de bellas Xanas y Traviesos Trasgus conviviendo con una sirena enamorada y un inocente desterrado.

Como podeis comprobar la historia continua y como, casi siempre, el pueblo llano tiene la culpa de los que otros, con más alto estatus, manipulan y maquinan.

Un saludo:

Pedro Luis López Pérez (PL.LP).

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La Leyenda del Desterrado

 

Cuentan los mayores de nuestros vecinos que hace muchos años habitaba en Santa Eulalia de Oscos un señor para el que trabajaba un obediente criado.

 

Una tarde, regresaban de una jornada de caza y se dirigían a escuchar misa, pero se les hizo un poco tarde. El señor, que no quería perderse la celebración, ordenó al muchacho que se adelantara galopando y diera la orden al cura de retrasar la ceremonia para que le diera tiempo a llegar. Así hizo, dando fusta a su caballo llegó a la iglesia antes de iniciar la misa. Le dijo al cura que aguardase, que su amo estaba en camino, que no tardaría mucho en llegar y que tenía mucho interés en oír la misa. El párroco, viendo que ya estaba congregado todo el concejo, pese a las súplicas del joven se negó a retrasar la hora de inicio y comenzó la liturgia.

 

Cuando llegó el señor, ya estaban abandonando todos la iglesia, pidió explicaciones a su criado y, después de oír su argumento, se enfureció de tal modo que ordenó que matase al cura o que ahí mismo mandaría matarle a él. El criado viéndose tan acosado no vio otra solución que obedecer a su amo. Mató al cura con la esperanza de que no le prendieran, pero su mismo amo le delató. La pena que le correspondía al joven era morir en la horca.

 

Por aquellos tiempos, se daba la circunstancia de que todos los vecinos de Santa Eulalia excepto nueve pertenecían a la nobleza. Una disposición real otorgaba el título de hidalguía a todos aquellos habitantes que fuesen autosuficientes, o lo que es lo mismo aquellos que no necesitaban trabajar para nadie, ni que necesitasen comerciar con nadie. Como quiera que en los Oscos casi todas las caserías producían todo aquello que necesitaban para vivir, a muchos de sus vecinos se les dio el título de hidalgos. Estos hidalgos no poseían riquezas y trabajaban de sol a sol para sobrevivir, pero tenían un título.

 

Llegado el día del ajusticiamiento se congregó casi todo el concejo. A la hora de levantar la horca, como nobles no podían ejercer de verdugos no había brazos suficientemente capaces de elevarla. Hubo que cambiar la sentencia del criado y, librado de la ejecución, se le desterró de por vida en el bosque más recóndito que había por la zona. Por aquel entonces poca gente se aventuraba a ir más allá de la aldea de Ancadeira y allí lo confinaron. Desde entonces ese bosque se conoce con el nombre del Bosque del Desterrado.

 

-Pueblo de Ancadeira: Donde no se oirán caballos relinchar, gallos cantar y campanas sonar.

 

– Seimeira: Representación de sirena enamorada.

 

– Xana: Ninfa o Hada benéfica.

 

– Trasgu: Personaje pequeño, cojo, con rabo y cuernos.

 

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CAN DE LA SEIMEIRA

Can de la Seimeira,

mudo de ladrares.

Can de palleira,

noble en tus andares.

Eres la vieira,

guía de caminantes;

subes la Ancadeira,

muestras molinos errantes.

Castros para vivos.

Mámoas para muertos.

Árboles esquivos

de musgos cubiertos.

Valle del destierro

de un vasallo inocente.

Fraguas de hierro

sin fuego candente.

Xanas, hilanderas incesantes,

trasgus con rabos y cuernos,

testigos de aquellos semblantes

de vida en los infiernos

Lágrimas, ríos de amor

de una sirena enamorada.

Cascada de dolor

por una sentencia despiadada.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP)

 

VIDA ES TRANSICIÓN

13 Oct

 

Pedro Luis López, Vegadeo, Asturias 1963

 

 

 

Coplas de Manrique.

Siglos de lección.

Apatía del cacique.

Egoísmos sin razón.

 

Nada tengo.

Nadie soy.

De la nada vengo

al infinito voy.

 

Vacía maleta

de un azaroso viaje.

Fetal silueta;

molde de un final traje.

 

Dados del casino.

Bombo sin rodar,

bolas sin destino,

números al azar.

 

Ruleta rusa,

disparo pendiente,

gatillo exclusa

de bala hiriente.

 

Filo de la navaja.

Cuerda floja.

Aguja en la paja.

Luz vial roja.

 

Vida es transición.

Artificio es dinero;

absurda obsesión,

negro agujero.

 

Infancia inocente.

Pubertad en rebufo.

Ideal adolescente;

después, espíritu Tartufo.

 

No está mal,

pero bien tampoco;

amar al capital

sin decoro ni sofoco.

 

Infernal consumismo.

Horroroso despilfarro.

Sistemas de oportunismo.

Cuellos en el barro.

 

Vida concebida,

adoro mi existencia.

Materialismo suicida,

detesto tu presencia.