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CIE

28 Dic

Conrado Santamaría, La Rioja 1962

Con motivo de la reciente muerte de una inmigrante en el CEI de Aluche. Un auténtico crimen legal.

Sé que no abriré esta puerta impunemente,

mis papeles en regla

contra el azul en púas,

mi frente y mi perfil contra las cifras,

contra el plástico atroz,

impunemente,

contra el cristal tatuado de labios como llagas.

Esta puerta que reza

iniquidades

en las lenguas más cultas de la jungla,

que se extiende en el tiempo

como un hilo de sangre

hasta los hornos,

hasta la sucia arena

de playas que recuerdan,

hasta el cerco primero que acotó la vergüenza.

Un oscuro consuelo

supura la costumbre si se mata

sordamente el escrúpulo.

¿Qué le importa al salario

cuánto aprieta el grillete?

¿Qué le importa al testigo la mordaza?

¿Qué le importa al usuario

el color de la sangre?

No hay tristeza o refugio en el pecho del fuerte,

que se lava las manos y pasea

bien limpia su justicia.

Impunemente.

Yo sé que no abriré esta puerta impunemente.

Yo me cago en Botín

26 Dic

Conrado Santamaría, La Rioja 1962

 

Yo me cago en Botín todos los viernes,

y los lunes también, cuando amanecen

los números en rojo, la quincalla,

los muertos robacueros y chinchetas.

 

Yo me cago en Botín por las mañanas,

por las noches también y al mediodía,

lluevan hostias, granicen pelotones,

capen a escuadra el rabo de mi boina.

 

Yo me cago en Botín sin calendario,

en cuclillas, boca arriba, al tresbolillo,

en público, en privado, con soltura,

luego me voy silbando, y ahí queda eso.

 

Yo me cago en Botín con beneficio,

yo me cago en Botín puerta por puerta,

yo me cago en Botín ciento por ciento,

yo me cago en Botín diente por ojo.

 

Tardes de circo

21 Nov

Conrado Santamaría, La Rioja 1962

 

Se acabó la fanfarria y de repente,

sostenido en el aire,

un redoble marcial con pantomimas

reorganiza el fervor entre las gradas.

 

Crece y crece el tambor sin memoria o mañana,

crece a jugos la sombra,

la entrega de los pulsos,

el fatal estandarte de la pista.

 

Bajo la luz del foco

el domador

ordena, disfruta, se atusa los bigotes.

 

Nunca sabrás,

oh, respetable,

oh, público sin tacha,

desde dónde te aprontan el instinto,

desde dónde consientes con el aro y la fusta.

 

Flexible y generoso,

amagas en tu asiento,

junto al manso león

de las garras tundidas,

el gran salto mortal entre las llamas.

 

Y se hincha la carpa hasta otra tarde

de vítores, delirios, reverencias.

 

 

LA MANO QUE TE DA DE COMER

9 Oct

Conrado Santamaría, La Rioja 1962

 


 

Tú nunca la beses,

muerde esa mano,

muérdela bien, te digo,

así,

a dentelladas,

sin rencor y con rabia

hasta llegar al hueso, donde duerme

bendito el tuétano de la verdad,

muérdelas todas,

todas las manos limpias

que te dan de comer, que te amparan y alivian

en las noches sucias de tu condena,

pues si con una mano – dicen – te dan la vida,

con la otra mano – digo – matan tu dignidad.

 

 

 

 

Carne de procesión

10 Sep

Conrado Santamaría La Rioja 1962  

 

Fueron tiempos de hechizos y deslocalizaciones,

de estiércol rebosado y artificiales fuegos.

No sé si os acordáis.

 

Nosotros,

 

encorvados y alegres,

 

procesionábamos delante de las oficinas del paro vestidos de nazarenos,

procesionábamos por la mañana y por la tarde,

entre el redoble de los tambores y el estruendo de las cornetas,

procesionábamos por las noches también,

cuando las puertas de las oficinas habían sido clausuradas

y en sueños sudorosos nos empeñábamos en procesionar.

 

Bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo los arduos rayos del sol

procesionábamos.

 

Procesionábamos

con nuestros propios pies, que descalzos arrastraban las cadenas,

procesionábamos

con nuestras propias manos,

que ensangrentadas manejaban la disciplina,

procesionábamos

con nuestra propia canción, que silenciada se adhería a la polvareda.

 

Éramos carne de procesión.

Nuestros capirotes señalaban arrogantes el cielo,

mas la luz les huía,

nuestros cirios encendidos apenas iluminaban,

nuestros sambenitos devolvían su amarillo festivo a los ojos agradecidos de los espectadores,

que deslumbrados apartaban la mirada.

 

Procesionábamos interminablemente,

 

delante de las oficinas del paro,

delante de los estadios,

delante de los cuarteles,

delante de las catedrales,

delante de los patíbulos,

delante de las grandes superficies,

delante de los cementerios,

delante de los concesionarios,

delante de los parlamentos,

delante de las fundaciones,

delante de los hospitales,

delante de las cajas de ahorro,

delante de las cárceles,

delante de las administraciones de lotería,

delante de las escuelas,

delante de los parques temáticos,

delante de los manicomios,

delante de las redacciones,

delante de los urinarios,

delante de los zoológicos,

delante de los paraninfos,

delante de las comisarías,

delante de los solares en construcción.

 

Y procesionábamos también delante de todos los espejos,

desde cuya superficie cantarina nos mirábamos galvanizados y sonrientes por debajo del capirote sin querer comprender.

 

Sonámbulos

durante el día

y durante la noche

sonámbulos.

 

Procesionábamos y procesionábamos,

y a nuestras espaldas

no se derrumbaban edificios en llamas,

ni las nubes descargaban torrentes de sangre,

ni surgían del fondo del mar serpientes emplumadas,

ni las mujeres parían en los escombros niños decapitados.

 

Éramos carne de procesión.

 

Aquellos tiempos

de  verbenas y capitulaciones,

de botellones a la sombra y pequeños milagros domésticos.

No sé si os acordáis.

 

 

A la huelga huelga de la rebelión

21 Ago

Conrado Santamaría, La Rioja 1962

 


Puesto que el gobierno

decreta excepción,

¡a la huelga huelga

de la rebelión!

¡Qué crisis tan dura

nos trajo el mercado

con ansia y usura!

Mas todo está atado:

el botín robado

y nadie en prisión.

¡A la huelga huelga

de la rebelión!

Patrón y jerarcas

hacen buen balance:

agotan las arcas,

y a otros el trance.

¡Menudo romance

de juez y ladrón!

¡A la huelga huelga

de la rebelión!

Y aquí a los de abajo

nos  clavan espuela:

más horas de tajo

y menor cazuela.

Pero esto no cuela,

prestad atención:

¡A la huelga huelga

de la rebelión!

¡Que no haya avestruz

que esconda cabeza,

se cure en salud!

No hay mayor torpeza

ni peor bajeza

que la sumisión.

¡A la huelga huelga

de la rebelión!

Secretas

7 Ago

Conrado Santamaría, La Rioja 1962


Con tegumentos ciegos y retráctiles

córneas,

se desplazan oblicuos bajo el légamo tibio.

Amarillos se nutren

de larvas de obediencia,

de los pútridos jugos que la inquietud destila.

Chapotean.

De repente,

a una señal de alarma,

refractarios, hostiles, rubricados,

emergen en enjambres

de una sombra a otra sombra

para ver qué ternura que brota parasitan.

Postiza la razón, cuando precisa

de ciénaga y verdugos.

Sabedlo,

vuestros nombres existen,

mas nada significan,

salvo el rastrero

aguijón de la muerte.

En vuestra soledad,

tan solo

concebiréis muñones.