Cuestión de Sexos

4 Nov

            Virginia Tellez

Él, cincuenta y tantos, barba pulcramente informal, seguro de poseer un cierto atractivo para algunas mujeres ya maduritas. Hombre de negocios sin alcanzar la gloria de los medios, sabe de operaciones bursátiles, de altibajos de la bolsa, de los tejemanejes de los hombres de empresa, y se encuentra infinitamente solo.

Ella, tal vez ama de casa, también cincuenta y tantos, pero mal llevados. Parece haberse arreglado para la ocasión. Tal vez hace mucho tiempo que nadie la invitaba a comer, está expectante, dispuesta a admirarlo. Entrada en carnes, los michelines se le desbordan haciendo pliegues por encima y debajo del sujetador, quizás demasiado apretado, quizás dos tallas menos de lo necesario para sostener sus generosos pechos. La camiseta ceñida acentúa la flacidez de las carnes sobrantes. El pelo negro y corto, sentada frente a él, me da la espalda y no puedo ver la expresión de su rostro.

Él habla de su empresa, de cómo cazó a un trabajador que les estafaba, de las cámaras de seguridad que hizo poner para pillarlo “in fraganti”, de su astucia, porque a él nadie se la pega. Ella, sorprendida, admirada ¡qué hombre! Ella no habría podido detectar al ladrón ¡eso seguro! ella se confiesa demasiado ingenua para eso. Él apenas puede ocultar su satisfacción maravillado de sí mismo, se olvida de comer y continúa hablando de su empresa, de bolsas de plástico homologadas o sin homologar, de los problemas de reciclaje de las bolsas no homologadas, de seguros, de contratos y subcontratos de trabajo. Ella manifiesta un tímido interés ¡Ah, no sabía! Yo cuando voy al supermercado, nunca pienso en eso…Él, halagado de instruirla, de sacarla de la ignorancia. Hay tantas cosas que el ciudadano no sabe, dice, imitando a los políticos, y quedamos todos incluidos en ese estado de permanente limbo de los imbéciles. Más sobre bolsas de plástico, más sobre las normas incumplidas del reciclaje, más sobre la necedad de los ciudadanos, de entre los cuales, parece ser, él queda excluido. Ella, contenta, de pertenecer por unos minutos a otra clase privilegiada, la de los que saben lo que pocos saben.

Comen, o come ella, porque él está entusiasmado de sí mismo, mirándose en el espejo de ella que, aunque no es especialmente atractiva, es una auditorio incondicional. Ella, que tiene un marido en alguna parte, o tal vez ya no, parece prestarle toda la atención que él necesita, porque eso es lo que ella ve, lo que siente, donde se reconoce, en esa soledad a la que él no sabe ponerle palabras y, por eso, es tan emocionante lo de las bolsas de plástico. Sin embargo, después de la comida se empieza a sentir cansada y le invade una cierta morriña. Se ha vestido para lo que, tal vez, pudiera suceder, pero habría que darle un giro a las bolsas de plástico. Bebe vino y el alcohol le hace hablar. Habla de sí misma, de sus hijos e hijas, de que ya son mayores y no la necesitan, de que ha vivido solo para ellos, pendiente de sus necesidades, y de que todos se han ido a hacer sus vidas, dejándola terriblemente sola y vacía. Le dice que lo ha pasado mal, muy mal, que se ha visto tocando un abismo que no sabía que existía, que creía que se iba a morir de dolor, sin embargo ahora está mejor.

Él, disimula la incomodidad, estaba tan a gusto hablando de la empresa, de sus trabajadores, de las bolsas de plástico… y ahora ella se pone sentimental, ¿qué pasa con las mujeres? Pero ¡ya se sabe! a la menor oportunidad lo estropean todo hablando de sentimientos, de los hijos, de sus fracasos emocionales. Se rebulle en el asiento, mira el reloj, busca con la mirada a la camarera ¡habrá que irse! dice. Él, ahora, se aburre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: