Archivos por Etiqueta: Cuentos y narraciones

Mundo Caracol

21 mar

Eugenia Carrión Málaga


El Parlamento de caracoles en pleno se puso de pie y tras guardar un minuto de silencio por la
muerte de las leyes derogadas, el señor presidente de Caracol leyó con solemnidad:
1.A partir de hoy y para que conste en el futuro remoto queda aprobado a lo ancho y largo de este
mundo que ningún caracol guardará cola en la oficina de empleo, que a cada quien se le ubicará en
el puesto de trabajo más acorde con sus gustos y según sus preferencias de horario que nunca
rebasará las cuatro horas y los tres días laborales a la semana.
2.El sueldo mínimo interprofesional se calculará multiplicando por dos el de las señorías aquí
presentes más el porcentaje de la media aritmética del coeficiente intelectual que resulte de los test
que se nos practicarán mañana a primera hora. Por lo que les ruego su asistencia y puntualidad.
3.Para lograr el punto del párrafo anterior se acuñará una nueva moneda fotocopiable por cualquier
caracol que cobrará por una cantidad superior si así lo considerase necesario.
4.Asimismo se abrirán centros de comercio justo donde todos los productos de primera necesidad
serán gratuitos.
5.Se construirá viviendas con calidades de lujo que se entregarán a cada caracol que conste no
tener ninguna en propiedad.
6.Todos los servicios serán públicos y gratuitos, incluidos sanidad y educación que será bilingüe y
abarcará todas las ramas artísticas.
7.Se podrá cantar bajo la lluvia, bailar sobre los arbustos del parque y abrazarnos cada vez que
tengamos ganas y besarnos, besarnos mucho bajo las estrellas en las orillas de las playas.
8.Se podrá buscar la felicidad y soñar con lo imposible, sentir, emocionarse, y partirse de risa por
todas las caracoladas que se nos ocurran.
9.Se podrá gritar de alegría y saltar de felicidad, y creer que todo irá bien, alzar el vuelo hasta las
estrellas y tocar el sol.
10.Y sobre todo queda aprobado mirarnos fijos a los ojos todo lo que queramos y alucinar.
Página

Proyecto Génesis

26 dic
 Bernardino Contreras

Llega uno con pinta de saberlo todo.
–Señoras y señores: El mundo se acaba. La cuenta atrás ha comenzado. Es la triste realidad. Hace tiempo que lo sabíamos y hemos seguido y seguido y seguido. La hemos cagado.
La multitud se decepciona:
-OOOOOOOH.
Pero no está todo perdido. El Proyecto Génesis está en marcha y puede dar otra oportunidad a la humanidad. Aquí, en la Gran Explanada, se encuentra el dispositivo, la nave, el arca o como lo queráis llamar. Cuando la cuenta atrás termine subirán los elegidos y la humanidad se salvará.
La multitud se esperanza:
–AAAAAAAH.
Llega otro que se encoge de hombros.
–A la vista salta que la nave es gigantesca, pero también es evidente que no vamos a caber todos. Yo propongo que nos subamos nosotros, los que estamos aquí porque somos los únicos que nos hemos preocupado por la situación y nos hemos dado cuenta de que algo va mal.
Llega otro con pinta atlética.
–Vamos a ver, los que se suban tendrán que empezar de cero y repoblar la tierra. Es evidente que tendrán que subir los cuerpos más desarrollados. Propongo que se llene la nave de deportistas de élite. Si queréis podemos organizar unas Olimpiadas aquí mismo en la explanada y los campeones de cada especialidad van subiendo diréctamente a la nave.
Llega otro con pinta intelectual.
–Lo del cuerpo está muy bien ¿Pero la mente? Yo creo que deben subir los científicos e intelectuales. Nuestra esencia no está en el músculo, sino en el cerebro. Se impone la necesidad de celebrar un concurso de curriculums con unas posteriores votaciones populares para elegir a los mejores representantes de nuestra especie.
Llega otro con pinta de artista.
–No vais descaminados, yo también creo que deben subir a la nave unos representantes escogidos. Pero esta vez no vais a dejar a los artistas atrás. Ese es el gran error que queréis repetir. Tanto cuerpo y tanta mente pero os olvidáis del alma. A la hora de elegir a los que subirán os ruego que tengáis en cuenta a los artistas.
Llega otro con pinta de político.
–Aquí hoy se está hablando de elegir representantes, votaciones y elecciones. No hay que olvidar que los políticos somos especialistas en ser elegidos. Siempre hemos sido representantes del pueblo y en este caso extremo tenemos el derecho y el deber de presentarnos a las elecciones por la salvación.
Llega otro con pinta de locutor deportivo.
–Yo creo que la cosa está clara: aquí lo que podemos hacer es una selección de los mejores de cada área y elegir a una buena representación de la humanidad pero…¿Qué veo? Por ahí se acercan unos señores trajeados con maletines. Míralos, son los poderosos, los Señores del Dinero, los que mandan de verdad. No son los más conocidos, ni los más inteligentes, ni los más atléticos, ni los más jóvenes, pero está claro que son los amos del cotarro. Se han esperado hasta el último momento para abandonar sus valisísimas posesiones. Los tenemos que escuchar ahora que la cuenta atrás está acabando. ¿Qué hacen? Entran directamente en la nave. Era de esperar. Son los que mandan, los que han mandado siempre. Los deportistas hacen el pasillo a los dueños de sus sponsors, los científicos se apartan ante los que pagan sus proyectos, los artistas miran para otro lado y los jóvenes preocupados silban y protestan como siempre. Tenemos que aceptar que son ellos los que van a subir a la nave, aunque queda un poco feo que no se paren a explicar sus razones. Ni se despiden. Ellos nos meten en el lío y son los que se salvan. Así son las cosas, qué les vamos a hacer. Ahí va el futuro de la humanidad. La cuenta atrás está acabando…

–CINCO…
–CUATRO…
–TRES…
–DOS…
–UNO…
–¡Pof!

–¿Qué ha pasado? ¡La nave se ha desintegrado! El pedazo más grande es del tamaño de una uña… ¿Qué será ahora del futuro de la humanidad?

Vuelve el listillo del principio.
–Señoras y señores, el Proyecto Génesis ha sido un rotundo éxito. Tenemos una nueva oportunidad. Vamos a intentar no cagarla esta vez.

bernardino contreras 13 dic (hace 13 días)
Necesito contactar con alguien que tenga algo de idea en teatro. http://cuent…

LA REALIDAD Y LA UTOPIA

21 nov

  Amado Storni, Madrid

 

 SALIÓ corriendola Utopía huyendo dela Realidad. Sus pasos parecían firmes y seguros pero su huída era una huída desesperada y sin control. A cada paso que dabala Utopíala Realidad daba dos más.

   En su afán de no ser alcanzadala Utopíabuscó ayuda. Fue así como se encontró con un banquero pero éste, preocupado por la bolsa y las divisas, interesado de interés y capital, ni siquiera la escuchó.

   En su atropellado caminarla Utopíase encontró con un clérigo que al principio puso interés en escucharla. Parecían hablar el mismo idioma aunque a veces no se entendían. Y es que la vida espiritual de la que hablaba el sacerdote no era la misma que la dela Utopía. Suvida era una vida que después de la vida se construía con los cimientos de una fe en la que ni el mismo clérigo creía.

  La Utopíasiguió huyendo y fue entonces cuando se encontró con un político al quela Utopíareconoció enseguida. Ambos, en un tiempo pasado no muy lejano, habían caminado juntos y cogidos de la mano. Pero terminada la campaña electoral y cuando aquél consiguió el status que buscaba,la Utopíavolvió a quedarse sola. Y el político, creíble y diplomático, le dio la espalda.

  La Utopíatambién se encontró con un hombre. Un hombre que fue adolescente. Un adolescente que fue niño. Y ese hombre al quela Utopíailusionó de niño y también de adolescente, ni siquiera la saludó porque no la conocía.         

   Al tiempo de ser alcanzada porla Realidadla Utopía se encontró con un poeta, atropellado de versos e indómito de sueños incurables. El poeta parecía distante, pero cuandola Utopíase detuvo a hablar con él éste la escuchó. Ambos se entendieron y se saludaron porque ambos se reconocían. Y viola Utopíaque con el poeta se sentía segura. Al oir llegar ala Realidadla Utopía se escondió.La Realidadse detuvo ante el poeta y le preguntó si había visto pasar ala Utopía. Peroni el poeta entendía ala Realidadnila Realidadse entendía con el poeta porque a lo quela Realidadllamaba Utopía era la realidad del poeta. Y cansada de ese mal entendimientola Realidadse tuvo que marchar. Fue entonces cuandola Utopíase metió en el cuerpo del poeta porque sintió que ese era su verdadero hogar.

   Es por eso que los poetas saben tanto de sueños y los sueños se llevan tan bien con los poetas.  

 

El pueblo

7 nov

David Salinas España  Málaga, 1980

 

 

Era ésta la historia de un pequeño pueblo enclavado en medio de grandes montañas y verdes pastos, junto a un río de agua clara y donde el aire se respira limpio y fresco.

Los habitantes de este pueblo vivían bajo el mandato de un gobernador que dirigía la política del lugar con mano firme. Era un hombre que trataba de ser justo, pero que traicionaba ese valor atesorando con recelo todo el poder para él mismo. Nadie se atrevía a contradecirle y mucho menos a levantarle la voz, pues tenía a la guardia de su lado para garantizar el cumplimiento de sus leyes. Y aunque los niños jugasen a la pelota en la plaza mayor del pueblo, ignorantes de las desdichas de la comunidad, eran los únicos en aquel sitio, que por su temprana edad e inocencia, podían sentirse libres.

Sin embargo, con el tiempo, el gobernador fue haciéndose un hombre viejo, y ante su inminente muerte, los hombres más sabios del lugar, aquellos que pertenecían a las familias mejor posicionadas y que habían podido estudiar fuera del pueblo, ilustrando así sus mentes con nuevos aires venidos de otras tierras, fueron en secreto preparando el terreno para que cuando el gobernador exhalara su último suspiro, ellos pudieran instaurar un orden político más progresista y acorde a los modernos tiempos. Y así sucedió, justo después del funeral con honores del gobernador, estos ejemplares ciudadanos unieron sus privilegiadas mentes para entre todos poner los cimientos de una nueva forma de organización, a través de la cual los hombres y mujeres del pueblo pudieran desarrollar una vida más justa, igualitaria y libre.

No sé si les suenan estos principios…

En fin, así vivieron bajo este nuevo sol, a partir de entonces, los ciudadanos de la comunidad. Durante un tiempo. Hasta que un día, llegó al pueblo, un mercader. Era un hombre de edad avanzada, aunque muy sano aún, delgado, de cara aguileña y ojos pequeños pero a los que no se les escapaba nada. Su habilidad en los negocios y su astucia sólo podían compararse con su codicia. Muy pronto, el mercader, se hizo un hueco importante en el pueblo, y progresó con buena fortuna en sus empresas, gracias, en gran parte, a sus acercamientos a los hombres que se encargaban de la organización y administración política del lugar, que, casualmente, no eran otros que aquellas mentes nobles que habían operado la mudanza del dominante gobierno anterior al presente equilibrio que existía ahora.

- Los libros del colegio son viejos y desactualizados -decía el mercader-; yo podría traer libros nuevos y más atractivos, capaces de encender el intelecto más pobre y menos ágil.

- Pero habría que pagarlos y no sé… -le contestaban en un principio.

- Oooh, sólo por un módico precio -respondía él- ¿Y qué significan unas monedas, que apenas ocupan su lugar en el bolsillo de un hombre, comparadas con el futuro de un niño que crecerá como una persona sabia y provechosa para la comunidad?

Sus argumentos eran seductores… Aún más cuando los acompañaba de ciertos favores económicos a aquellos ante los que exponía su oferta.

De este modo, el mercader, casi sin que los habitantes del pueblo se dieran cuenta, se fue apoderando de la escuela, del hospital, de los comercios, de las tierras de cultivo y arado, de los animales… Todo aquel que quisiera educar a sus hijos o curar sus enfermedades, o comer o vestirse, tenía que rendir ahora siempre cuentas antes con el mercader, que además, aprovechándose de su época de bonanza, subía los precios de sus productos o servicios con el afán de aumentar con cada nuevo alba sus ya de por sí abundantes riquezas.

Hasta que un alba, alguien, un ciudadano asentado en la política del lugar, le llamó tímidamente la atención:

- Mercader, los hombres y mujeres del pueblo se están arruinando, no pueden pagar tus servicios, y la ingrata dama pobreza está ya llamando con insistencia a las puertas de muchos hogares. ¿No podrías hacer un esfuerzo, para tus conciudadanos, y bajar los precios?

- Oh, cómo se nota, querido amigo -dijo el mercader-, que la economía no es disciplina que sea tu fuerte, ni mucho menos. Si bajo los precios, con lo que me cuesta a mí proporcionaros los productos de los que podéis disfrutar gracias a mi sacrificado esfuerzo, sería yo el que finalmente acabaría convirtiéndome en anfitrión de esa dama de la que has hablado. No obstante, creo haber hallado una solución para vuestros problemas y que a la postre será mucho más satisfactoria para todos. Conozco a una persona, es un buen amigo de toda la vida, y aunque no es de sangre, lo estimo como a un primo. Él se dedica, casi desinteresadamente, así de grande es su corazón, a sacar del apuro a sus semejantes en horas más bajas.

- ¡Vaya! -dijo impresionado el otro hombre- ¡Sería fabuloso contar en el pueblo con un hombre así! ¿Y a qué se dedica ese gran amigo tuyo, mercader?

- Es un usurero.

- ¿Un usurero? ¿Y puedo preguntarte en qué consiste ese oficio? -preguntó el hombre, que nunca antes había escuchado ese término.

- Oh, simplemente -respondió el mercader-, es un hombre que presta dinero a cambio de que se lo devuelvan en un plazo lógico y añadiendo a ello un interés insignificante, baladí.

Pronto, el usurero se asentaría en la comunidad, gracias a los comentarios de patrocinio de su amigo el mercader. Y con él llegaría acompañándole la desgracia. No pasó demasiado tiempo para que la gran mayoría de los habitantes del pueblo se vieran endeudados por los préstamos del usurero, cuando no arruinados, y muchos de ellos perdieron sus casas, todas sus pertenencias, e incluso se vieron obligados a partir a otros lares, dejando a familia y amigos atrás. Los que quedaron, nunca se habían visto en una situación tan pésima, y si antes no podían alzar la voz durante el mandato del gobernador, ahora, asfixiados por las deudas,  ni siquiera podían respirar.

Un día, aquellos mismos que de niños jugaban en las calles, volvieron a ocupar la plaza del pueblo, pero esta vez, para hablar.

- ¡No podemos seguir así, esto no es vida!

- ¡El mercader, el usurero, e incluso los hombres de la política, se enriquecen mientras en mi casa mis hijos pasan hambre!

- ¡Es verdad, estábamos mejor con el gobernador!

- ¡No diga usted eso, oiga, con aquel miserable no podía andar uno ni tranquilo por las calles por miedo a que lo apresara la guardia!

- ¡No discutan ustedes, hagan el favor! No es cuestión de si antes estábamos mejor o ahora peor o viceversa… Nuestros problemas son actuales y son muy graves, ¡y tenemos que hacer algo para solucionarlos!

- ¡Vamos hombre! ¿Y el qué, qué vamos a hacer nosotros, qué podemos hacer unos ciudadanos comunes como nosotros?

- Pues no lo sé… Pero algo habrá que hacer, algo habrá que hacer.

Y siguieron hablando. Y hablaron tanto que hasta se les hizo de noche. Y al día siguiente volvieron a reunirse, y al otro, y al otro… Y  pasarían muchos más días, muchísimos más, hasta que pudieran solucionar sus males y cambiar las cosas. Pero ese mismo día en el que volvieron a la plaza, ese día, aunque ellos todavía no se habían dado cuenta de ello, el cambio más grande de todos, ya se había producido.

CONTINUARÁ…

El 15 de Mayo de 2011 millares de personas salimos a la calle en España para mostrar nuestra indignación. Indignación por que las crisis la paguen siempre los de siempre, indignación por que se nos trate como a mercancía barata, indignación por que se nos siga atacando, humillando, ignorando, aterrorizando…

Ocupamos plazas, empezamos a debatir, a pensar, a unirnos para ver cómo podíamos mejorar las cosas. Mucha gente abrió los ojos, encendió la mente y apagó el televisor. Empezamos a ser conscientes, y esto es lo más importante, de que nadie va a cambiar el mundo, si no somos nosotros.

Ese mensaje se extendió de cada ciudad a cada pueblo, cada barrio, cada hogar. Mucho hicieron oídos sordos, pues se dejaban seducir cómodamente por los brazos de Morfeo, pero otros despertaron, ¡por fin!, y dejaron de soñar en un mundo más justo, igualitario y libre, para empezar a luchar por él.

Hoy esa lucha continúa. Y cada vez somos más. Nuestros enemigos son poderosos, y no creen en nuestra victoria, pero no nos rendimos porque: “Que sea difícil no implica que sea imposible, que sea imposible no implica que vaya a rendirme, están ante la mosca que rompió el cristal a cabezazos, eh, tú, sí vamos, tú…” (El Chojin, 2011).

¡Únete a mi bando!

Esta es una copia del texto original escrito por David Salinas España. Por favor, respeta los derechos de autor. Septiembre 2011.

Cuestión de Sexos

4 nov

            Virginia Tellez

Él, cincuenta y tantos, barba pulcramente informal, seguro de poseer un cierto atractivo para algunas mujeres ya maduritas. Hombre de negocios sin alcanzar la gloria de los medios, sabe de operaciones bursátiles, de altibajos de la bolsa, de los tejemanejes de los hombres de empresa, y se encuentra infinitamente solo.

Ella, tal vez ama de casa, también cincuenta y tantos, pero mal llevados. Parece haberse arreglado para la ocasión. Tal vez hace mucho tiempo que nadie la invitaba a comer, está expectante, dispuesta a admirarlo. Entrada en carnes, los michelines se le desbordan haciendo pliegues por encima y debajo del sujetador, quizás demasiado apretado, quizás dos tallas menos de lo necesario para sostener sus generosos pechos. La camiseta ceñida acentúa la flacidez de las carnes sobrantes. El pelo negro y corto, sentada frente a él, me da la espalda y no puedo ver la expresión de su rostro.

Él habla de su empresa, de cómo cazó a un trabajador que les estafaba, de las cámaras de seguridad que hizo poner para pillarlo “in fraganti”, de su astucia, porque a él nadie se la pega. Ella, sorprendida, admirada ¡qué hombre! Ella no habría podido detectar al ladrón ¡eso seguro! ella se confiesa demasiado ingenua para eso. Él apenas puede ocultar su satisfacción maravillado de sí mismo, se olvida de comer y continúa hablando de su empresa, de bolsas de plástico homologadas o sin homologar, de los problemas de reciclaje de las bolsas no homologadas, de seguros, de contratos y subcontratos de trabajo. Ella manifiesta un tímido interés ¡Ah, no sabía! Yo cuando voy al supermercado, nunca pienso en eso…Él, halagado de instruirla, de sacarla de la ignorancia. Hay tantas cosas que el ciudadano no sabe, dice, imitando a los políticos, y quedamos todos incluidos en ese estado de permanente limbo de los imbéciles. Más sobre bolsas de plástico, más sobre las normas incumplidas del reciclaje, más sobre la necedad de los ciudadanos, de entre los cuales, parece ser, él queda excluido. Ella, contenta, de pertenecer por unos minutos a otra clase privilegiada, la de los que saben lo que pocos saben.

Comen, o come ella, porque él está entusiasmado de sí mismo, mirándose en el espejo de ella que, aunque no es especialmente atractiva, es una auditorio incondicional. Ella, que tiene un marido en alguna parte, o tal vez ya no, parece prestarle toda la atención que él necesita, porque eso es lo que ella ve, lo que siente, donde se reconoce, en esa soledad a la que él no sabe ponerle palabras y, por eso, es tan emocionante lo de las bolsas de plástico. Sin embargo, después de la comida se empieza a sentir cansada y le invade una cierta morriña. Se ha vestido para lo que, tal vez, pudiera suceder, pero habría que darle un giro a las bolsas de plástico. Bebe vino y el alcohol le hace hablar. Habla de sí misma, de sus hijos e hijas, de que ya son mayores y no la necesitan, de que ha vivido solo para ellos, pendiente de sus necesidades, y de que todos se han ido a hacer sus vidas, dejándola terriblemente sola y vacía. Le dice que lo ha pasado mal, muy mal, que se ha visto tocando un abismo que no sabía que existía, que creía que se iba a morir de dolor, sin embargo ahora está mejor.

Él, disimula la incomodidad, estaba tan a gusto hablando de la empresa, de sus trabajadores, de las bolsas de plástico… y ahora ella se pone sentimental, ¿qué pasa con las mujeres? Pero ¡ya se sabe! a la menor oportunidad lo estropean todo hablando de sentimientos, de los hijos, de sus fracasos emocionales. Se rebulle en el asiento, mira el reloj, busca con la mirada a la camarera ¡habrá que irse! dice. Él, ahora, se aburre.

Ale y Alí

22 oct

 Paco Doblas, Málaga 1967

Estrecho de Gibraltar

Ale y Alí no se conocen, pero tienen varias cosas en común, además de las dos terceras parte de su nombre. Ambos tienen 21 años y un corazón lleno de sueños y aspiraciones, como suele ocurrir  en esa etapa de la vida en el que se rompen las amarras familiares y uno empieza a construir su propio proyecto vital. Ale y Alí también tienen en común además que ambos viven a la orilla de un mismo mar hermoso que les colorea un horizonte acuático y  añil, el mar Mediterráneo. Pero aún siendo el mismo mar, las mismas olas, el mismo olor a sal, el mismo clima benigno y templado, los mismos atardeceres rojiazules, hay una diferencia abismal, Ale vive en la orilla norte y Alí, vive en la otra orilla, en la rivera sur. Se acaba el mes de septiembre y es esa hora de la tarde en la que el horizonte se vuelve un campo de batallas entre el la luz del sol y la oscuridad, Ale mira al Mediterráneo desde la terraza de su apartamento en primera línea  de mar en el Palo en Málaga, Alí hace lo mismo desde la arena de una playa de Alhucema. Ambos piensan en un viaje por la inmensidad azul. Los dos tienen en su mano un teléfono móvil y un número al que llamar, el de Ale es un teléfono sacado de un folleto de cruceros, el de Alí  es un teléfono que le ha pasado un conocido de su amigo Faisal que hace viajes al paraíso.

Ale se apoya en la barandilla de la terraza mirando el mar y marca el número de la agencia.

—Viajes Mare Nostrum, le atiende Silvia en que puedo servirle.

—Hola Silvia, soy Alejandro Rodríguez hablé contigo ayer por la mañana, he estado pensando en la oferta del crucero de 8 días y 7 noches para la segunda semana de octubre.

 

Alí se sienta en la arena y también llama por su móvil.

—Dígame

—Señor Nasim soy Alí

—Ah si Alí, dime hijo.

—Apúnteme para el próximo viaje.

—De acuerdo hijo ¿Has juntado ya el dinero?

— Si señor Nasim.

—Bien hijo, la semana que viene te llamaré y ya te diré que día saldremos exactamente. 

Ale cuelga el teléfono con una sonrisa, piensa en su viaje en un buque de lujo, con piscina, jacuzzi, discoteca, gimnasio… Mira en el folleto las fotos de la suite y después el itinerario Málaga, Ibiza, Túnez, Palermo, Marsella, Tánger y de nuevo Málaga. Mira relajado como atardece el otoño sobre el mar.

Alí también piensa sentado en su playa, apoyando su cara contra el puño que contiene su teléfono móvil. Piensa también en su marcha, en una pequeña embarcación atestada de gentes que como él solo piensan en escapar de esa su orilla sur que le parece una jaula para sus sueños. Su viaje no tiene un itinerario fijo, tan sólo cruzar al otro lado. Alí escucha estallar las olas en un mar que se oscurece y su cara se llena de pavor.

Dos semanas después Ale y Alí salen de viaje, la mar está revuelta, pero para Ale con la adrenalina a cien aquellas olas rompiendo contra el casco que se ven tan pequeñas desde el balcón de la suite y aquellas mecidas les parecen incluso divertidas. Sin embargo en la patera de Alí, más de cincuenta personas hombro con hombro son bamboleadas al capricho furioso de las aguas. Solo se respira un miedo profundo y negro.

Ocho días después Ale y Alí han acabado su viaje. Ale queda aquella misma tarde con su amigo y compañero de trabajo Luís en ese chiringuito de la playa del Palo que tanto les gusta para hablar del viaje.

—¿Cómo estás tío? Cuéntame granuja, estas hasta moreno.

—Si quitando los dos primeros días el resto ha hecho muy bueno, ¿no te dije yo que octubre era todavía un buen mes para las vacaciones? No te puedes ni imaginar el pedazo de viaje que me he pegado.

—Joder, que envidia, me tenía que haber apuntado.

—Ya te enseñaré las fotos, ya te enseñaré y además he ligado por partida doble con una madrileña en el barco y en Palermo con una italiana que estaba buenísima.

—Joder tío, joder.

—En fin todo de lujo, no me veas que suite y tan sólo por 1500€.

—¡Vaya chollo!, 1500€, la paga extra de verano, ¿No? Nada, que te tenía que haber hecho caso y haberme ido contigo. Ahora el año que viene no me lo quita nadie.

Ale se ríe con su amigo Luís mientras revive su viaje marino. Por una mágica casualidad, como si alguien hubiera querido ponerle una banda sonora a la escena, empieza a sonar la canción de Serrat “ Quizás por que mi niñez sigue jugando en tus playas…” La canción compite con las risas y las olas de ese su mar Mediterráneo que a Ale le huele más que nunca a libertad.

Y más o menos a esa misma hora, Alí está de nuevo sentado en aquella playa de Alhucema, mirando como la tarde otoñal se va diluyendo en el mar. Su amigo Faisal lo ve y corre hacia él.

—Hola Alí ¿Cómo tu por aquí, pero no cruzaste la semana pasada?

—Sí cruce, amigo, cruce.

— ¿Y que a pasado, como estas aquí otra vez de nuevo?

— Fue terrible, amigo, terrible. Hizo muy mal tiempo, creí que la patera se iba a partir en dos, no se ni cuantas horas estuvimos allí dentro, empapados, la gente gritaba ¡vamos a morir!

—Bueno ¿y que paso?

—Cuando ya por fin vimos la costa al otro lado apareció una patrullera española de la Guardia Civil y entonces el patrono de la patera dijo que no se podía acercar más, que él se daba media vuelta que saltáramos y nadáramos hasta la orilla. Una gente empezó a saltar, otros increparon al patrón que gritaba ¡Todo el mundo fuera, todo el mundo fuera!  La playa estaba muy lejos pude estar nadando casi una hora, creí que me ahogaría, algunos no aguantaron no se cuantas personas murieron fue terrible, terrible.

Alí se detuvo por que no le salían las palabras de la garganta.

—Tranquilo, amigo, tranquilo.

—Después cuando llegue a la playa, no podía apenas ni moverme, un Guardia Civil me cogió. He estado dos días en un hospital de Málaga, y otros dos o tres días en un centro de internamiento, mientras se tramitaba la repatriación. Después el maldito viaje de vuelta y otra vez aquí.

Alí metió la cabeza entre las piernas y empezó a llorar angustiado.

—Tranquilo amigo, no llores, por lo menos sigues vivo y estas aquí.

—Claro, por eso lloro, por que estoy otra vez aquí ¿Y sabes lo peor de todo? Que esta aventura me ha costado 1.500€, nada más y nada menos que 1.500€, los ahorros de toda mi familia ¡Que Alá nos ampare! No tenemos nada ¿Que vamos a hacer ahora?

Faisan consoló a su amigo echándole su brazo por lo alto. Alí se quedo callado, escuchando el eterno sonido de las olas,  mirando aquel mar oscuro ya por la noche que se extendía ante él que ahora le parecía más que nunca una inmensa cárcel de agua.

CAN DE LA SEIMEIRA. Leyenda y poema.

19 oct

Pedro Luis López, Vegadeo, Asturias 1963

Como prólogo a mi poesía sobre la cascada de la Seimeira y para que conozcais el contexto de la historia; comento brevemente la Leyenda de este entorno mágico en el Occidente de Asturias poblado de bellas Xanas y Traviesos Trasgus conviviendo con una sirena enamorada y un inocente desterrado.

Como podeis comprobar la historia continua y como, casi siempre, el pueblo llano tiene la culpa de los que otros, con más alto estatus, manipulan y maquinan.

Un saludo:

Pedro Luis López Pérez (PL.LP).

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La Leyenda del Desterrado

 

Cuentan los mayores de nuestros vecinos que hace muchos años habitaba en Santa Eulalia de Oscos un señor para el que trabajaba un obediente criado.

 

Una tarde, regresaban de una jornada de caza y se dirigían a escuchar misa, pero se les hizo un poco tarde. El señor, que no quería perderse la celebración, ordenó al muchacho que se adelantara galopando y diera la orden al cura de retrasar la ceremonia para que le diera tiempo a llegar. Así hizo, dando fusta a su caballo llegó a la iglesia antes de iniciar la misa. Le dijo al cura que aguardase, que su amo estaba en camino, que no tardaría mucho en llegar y que tenía mucho interés en oír la misa. El párroco, viendo que ya estaba congregado todo el concejo, pese a las súplicas del joven se negó a retrasar la hora de inicio y comenzó la liturgia.

 

Cuando llegó el señor, ya estaban abandonando todos la iglesia, pidió explicaciones a su criado y, después de oír su argumento, se enfureció de tal modo que ordenó que matase al cura o que ahí mismo mandaría matarle a él. El criado viéndose tan acosado no vio otra solución que obedecer a su amo. Mató al cura con la esperanza de que no le prendieran, pero su mismo amo le delató. La pena que le correspondía al joven era morir en la horca.

 

Por aquellos tiempos, se daba la circunstancia de que todos los vecinos de Santa Eulalia excepto nueve pertenecían a la nobleza. Una disposición real otorgaba el título de hidalguía a todos aquellos habitantes que fuesen autosuficientes, o lo que es lo mismo aquellos que no necesitaban trabajar para nadie, ni que necesitasen comerciar con nadie. Como quiera que en los Oscos casi todas las caserías producían todo aquello que necesitaban para vivir, a muchos de sus vecinos se les dio el título de hidalgos. Estos hidalgos no poseían riquezas y trabajaban de sol a sol para sobrevivir, pero tenían un título.

 

Llegado el día del ajusticiamiento se congregó casi todo el concejo. A la hora de levantar la horca, como nobles no podían ejercer de verdugos no había brazos suficientemente capaces de elevarla. Hubo que cambiar la sentencia del criado y, librado de la ejecución, se le desterró de por vida en el bosque más recóndito que había por la zona. Por aquel entonces poca gente se aventuraba a ir más allá de la aldea de Ancadeira y allí lo confinaron. Desde entonces ese bosque se conoce con el nombre del Bosque del Desterrado.

 

-Pueblo de Ancadeira: Donde no se oirán caballos relinchar, gallos cantar y campanas sonar.

 

- Seimeira: Representación de sirena enamorada.

 

- Xana: Ninfa o Hada benéfica.

 

- Trasgu: Personaje pequeño, cojo, con rabo y cuernos.

 

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CAN DE LA SEIMEIRA

Can de la Seimeira,

mudo de ladrares.

Can de palleira,

noble en tus andares.

Eres la vieira,

guía de caminantes;

subes la Ancadeira,

muestras molinos errantes.

Castros para vivos.

Mámoas para muertos.

Árboles esquivos

de musgos cubiertos.

Valle del destierro

de un vasallo inocente.

Fraguas de hierro

sin fuego candente.

Xanas, hilanderas incesantes,

trasgus con rabos y cuernos,

testigos de aquellos semblantes

de vida en los infiernos

Lágrimas, ríos de amor

de una sirena enamorada.

Cascada de dolor

por una sentencia despiadada.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP)

 

Arreglar el mundo

9 oct

Estamos de obras en nuestra plaza, ampliando, extendiendo lo poético.Por eso hoy estrenamos  nuestra sección de Cuentos y narraciones con un fantástico cuento del gran Gabriel García Marquez (Aracataca, Colombia, 1927). Con él os queremos animar a los contadores de historias a que nos enviéis vuestos textos, a que entréis a nuestra plaza que también es la vuestra y toméis la palabra.

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba sus días en su laboratorio en busca de respuesta para sus dudas.

Cierto día, su hijo de seis años invadió su santuario, decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo:

- “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie.”

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente:

- “Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.

Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible?¿Cómo el niño había sido capaz?

– “Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, cómo lo lograste?”

– “Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, ví que del otro lado estaba la figura del hombre. Así, que dí vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era.”

- “Cuando conseguí arreglar al hombre, dí vuelta a la hoja y ví que había arreglado al mundo.”

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