Virginia Nielfa Garrido,Málaga
Se ocultan criminales
en sonrisas de plástico,
angelicales caras
y exquisitos modales,
en falsa transparencia
de estudiada amistad.
Sus manos no temblaron
en las ejecuciones,
no se quebró su porte
ante el horror del grito
ni apartaron los ojos
al brote de la sangre.
Mas bien sintieron gozo,
un brillo de locura,
sentirse casi dioses
que ordenan todo el cosmos.
Sólo queda una náusea
por el olor a muerte,
fácilmente lavada
con perfume francés.


