J.P.J Scotta, Campillos Málaga, 1962
“Si votar cambiara algo estaría prohibido”
Santiago Vázquez Sánchez
Con tus votos perfumados
alimentas el sistema,
este sistema arterial
que funciona con la sangre
derramada por los pobres,
con el bombeo de las guerras
suculentas consagradas
y con las idas y venidas
y la prisa y la modorra
de la bolsa de Wall Street
tratando con carne humana.
En este sistema que tú
defiendes con tus migajas
de ignorancia o cobardía,
la muerte es el gran negocio
porque la muerte es eterna,
la muerte es como el sol,
pero ella nunca es gratis,
ella es el gran filón
y genera dividendos
y libera a los gusanos
de comer siempre lo mismo
y descarga de pensiones
los despachos más sedientos
y arrima plomo a la salsa
y polvora para el que nunca
parece que está contento.
Cuando dejas caer tu voto
en el estómago insulso
del féretro frío y absurdo
de metacrilato espeso,
ese cajón pestilente
que siempre huele a borrego;
condenas a mucha gente
a seguir en el infierno,
rellenas de munición
el armamento mortal
del que defiende su asiento,
destrozas las esperanzas
del que no pega carteles
porque no tiene dinero
y sin dinero no hay juego,
del que ya come cartones
pues la comida se emplea
para mover los tractores
de los grandes cobradores
y de aquel que un día pensó
que votando no daría
nunca la llave al ladrón.
Con tu voto manoseado,
intervenido, evidente,
dirigido y aparente,
con esa poquita cosa
que es un papel doblado
dentro de un sobre sencillo
sin remite y sin custodia,
alimentas el holocausto
más vil de toda la historia.




