Daniel José Ubillús Núñez, Perú 1987
¡Mundo, sonríe!, ¡mundo, sé feliz!
Que tus lágrimas son las mías
y es también mía tu alegría,
Porque eres mi padre y mi hermano,
Raíz y fruto, palmo a palmo;
Tu aroma de ciruelo,
tu sonrisa de judías,
tu cabello de lechuga, mías.
De todos y mías.
.
¡No llores tanto!
Sécate el llanto,
usa el sol como manto,
perfúmate en el bosque,
rocíate talco de amapolas,
Danza y brinca con las olas,
Vuelve a sonreír con cada canto
Y en la brisa o en el monte, no más llanto.
.
Yo, tu hijo y hermano,
te lo encomiendo,
Que tus paisanos, otros mundos,
nos están viendo.
.
¡Mundo, ríe!, ¡mundo, goza!
Mantén la sonrisa vigorosa,
Porque es la mía, de Juan, rosa y María
.
Con tus dientes de infante,
Tu gran boca de elefante,
Tu fresco aliento de lluvia,
tu color de mar y tierra
recíbelos, elegante,
Que ya vienen a ayudarte
Un pueblo, otro pueblo,
Armados con arrumacos,
En aviónes, trenes y barcos,
Atienden a lo lejos tu quejido,
Porque es del viento,
es mío, es del pájaro en su nido.
.
Multitudes afligidas con tu duelo,
muchedumbres repetidas como espejos,
cabalgan presurosos, entregados,
Sólo quieren acariciarte el pelo,
curar tus vetustas heridas
¿No los oyes a lo lejos?,
Son tus hijos, tus hermanos,
cada vez más cerca, cada vez más humanos…
.
Espéralos, firme, sereno,
no te rindas,
No te enfermes en el sur,
no te rompas en el norte
Yo, tu voz y mano, te lo ordeno:
Sonríe, estoico, como un reno
No durará mucho más, el dolor de tu veneno
Te lo prometo, ¡Aguanta!, ya vienen, ya no están lejos…



